| Conducción
explosiva
Si
los tenían, olviden los prejuicios. Éste es un juego de coches
para todos, incluso para los que no les gustan los juegos de coches, como
el caso de este redactor.
Uno
se resiste al encanto de títulos como Colin McRae, Gran Turismo,
Project Gotham o Rallysport, maravillosos ejemplos de lo que puede dar
de sí la simulación virtual, pero mortalmente aburridos si
no se siente pasión por el motor.
Pero
Burnout 3 aparca la fidelidad y el realismo para lanzarse al espectáculo
más salvaje. Hasta se ha eliminado la opción de cambio de
marchas manual, lo que da una idea sobre qué tipo de conducción
se explota en el juego. Lo que importa aquí es la destrucción
y el descontrol.
De
hecho, si la primera parte ya era todo un poema al metal retorcido y al
accidente en cadena, esta secuela lo es por partida doble.
El
juego, como en otras versiones, premia la conducción temeraria:
la barra de turbo que le permitirá alcanzar velocidades de vértigo,
se incrementa a medida que se esquiva a los otros coches o se conduzca
en sentido contrario durante una generosa cantidad de kilómetros.
Pero
es que en esta tercera parte, bautizada con el subtítulo de Takedown,
se ha incluido un nuevo elemento: los rivales. No basta con pisar el acelerador
y alcanzar la meta lo antes posible, también hay que eliminar a
los competidores.
Desde
Criterion Studios tenían muy claro cómo debería ser
la tercera parte de una serie que, entrega a entrega, se está convirtiendo
en clásico (dos millones y medio de copias vendidas contando todas
las versiones publicadas): más grande y mejor. Burnout 3 entra por
los ojos.
Algo
tan sencillo como las explosiones de los coches, hasta ahora inéditas,
funcionan por partida doble: dan verosimilitud al juego (resultaba incompresible
que a 200 km/h los coches no acabasen volando por los aires) y acentúan
la espectacularidad.
Burnout
3 es un juego tan sumamente dinámico, cercano y sencillo en su brutalidad,
que se convertirá en uno de los grandes éxitos de la temporada.
El enésimo superventas de Electronic Arts, multinacional que se
apuntó un tanto al hacerse con los derechos de distribución
del título tras la debacle sufrida por Acclaim.
Pero
todavía hay más: las partidas en Internet, en las que se
pueden medir hasta seis jugadores simultáneamente y comunicarse
entre sí gracias al head-set, otorgan una nueva dimensión
a Burnout 3.
De
hecho, no sería exagerado afirmar que el juego on line de Takedown
es una de las mejores experiencias para varios usuarios que uno puede encontrar
en las consolas de nueva generación.
Independientemente
de las fobias y filias de cada uno, de las preferencias por este o aquel
género, Burnout 3 es, a día de hoy, uno de los grandes imprescindibles.
Jugarlo no es cuestión de gustos.
Es
casi una necesidad para el aficionado.
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